Iglesia Luterana “La Santa Cruz”
Oaxaca, México
LA REFORMA

LA REFORMA

lhider 19 de enero de 2026

Hace 483 años que fue conmovido el mundo entero por un gran movimiento de carácter exclusivamente religioso, un movimiento que fue llamado históricamente con el nombre de La Reforma, era un tiempo peligroso para un hombre de acción independiente. Una Iglesia dominante. Un Cristianismo semiapagado. Un Papa que domina sobre reyes y naciones, pueblos y almas. Cualquiera que pusiera en duda el derecho de lo existente, se exponía a que se le extrajera la vida por medio del fuego. Si el Papa decía que el sol daba vueltas alrededor del la tierra y Galileo decía que no, Galileo debía retractarse o morir en un calabozo. Si Juan Huss enseñaba doctrinas que diferían de las de Roma, Juan Huss debía morir en la hoguera. Era un tiempo peligroso para hablar lo que se pensaba. Sin embargo, aun así, el león rugió, y tenia que ser oído.

           Hasta nuestros días ha llegado el comentario general sobre la génesis de ese movimiento, sin duda alguna él más grande que han contemplado los hijos de Dios y los pueblos a través de la historia de la civilización. Se ha dicho y repetido hasta la saciedad, que la Reforma Protestante no fue otra cosa sino el pensamiento de un fraile rebelde llamado Martín Lutero que en mala hora concibió la idea de producir un cisma en la tradicional iglesia católica romana; idea tremenda que se toma como base en nuestro tiempo todavía para procurar desvirtuar la escénica, el fundamento, la causa principal que motivó ese gran movimiento religioso.

           ¿Puede pensarse que una revolución se haga por un solo hombre? ¿Puede creerse que el más pequeño movimiento social o religioso en el mundo sea producido por una sola voluntad, por el solo gesto de un hombre?

           Desde los tiempos de la Iglesia Cristiana, cuando empezaron a infiltrarse las ideas heréticas, estaba ya en la mente y el corazón de muchos el ideal reformista de la iglesia. Hombres como Tertuliano y como Agustín, considerados como padres de la Iglesia, en sus escritos lanzaban valientemente sus clamores contra la corrupción inicial que ya empezaba en la doctrina de la Iglesia Primitiva. Mucho más después, levantaron sus gritos de protesta contra la Iglesia de Roma constituida en autoridad máxima de las conciencias, y unieron su voz contra el despotismo religioso de sus tiempos. Lutero como los demás hombres de Dios, enseñó la verdad cristiana en el templo y en las aulas.

           El 31 de Octubre de 1517, el Dr. Martín Lutero, clavó 95 tesis en las puertas de la Iglesia de Wittenberg para debatirse. Estas tesis, entre otras cosas, contenían un desafío a la venta de indulgencias en el que se alentó a las multitudes a creer erróneamente que las indulgencias eran certificados de perdón de pecados extendidos por autorización papal y que el precio dependía de la gravedad del pecado para el cual se buscaba perdón. El mejor vendedor en Alemania era Juan Tetzel que promulgaba: “Alemanes, tomad nota que soy siervo del Santo Padre y os traigo diez mil novecientas indulgencias del pecado. Ya seáis padre, esposa o hijo, todos y cada unos salvos seréis; cuando la moneda en mi cofre da, purgatorio afuera saltando el alma va”. Lo anterior era para la recaudación de dinero, no solo para mantener su lujosa vida mundana de León X, sino también para reconstruir la gran catedral de San Pedro. 

Pero tan fuerte ataque retumbó por todo el mundo civilizado, pues la autoridad misma del papa se estaba retando. Tan fuerte desafío no podía pasar desapercibido, el Papa expidió un decreto, o bula papal, el 15 de junio de 1520 en el cual proclamaba que los escritos de Lutero debían ser quemados y exigía que Lutero se retractará y así fue como en el 10 de diciembre de 1520 Lutero en presencia de profesores, estudiantes y gente del pueblo quemó en las afueras de Wittenberg la bula papal, esto era un desafío al poder mas grande sobre la tierra, ante el cual se humillaban con pavor y reverencia los emperadores, reyes y príncipes. De esta manera Lutero y el Papa quedaron separados para siempre.

Lo que en la intención de Lutero había sido solo un reto para debate resultó ser el comienzo del gran movimiento que se conoce en la historia de la Iglesia como la reforma.

 

           Al cabo del tiempo de la Reforma ha sabido captarse para sí a naciones enteras. No estamos solos; 200 millones de almas están agrupadas formando ese grupo gigantesco que se llama la Iglesia Evangélica Universal Cristiana, y por si fuéramos pocos 200 millones, sobre nosotros, con nosotros y en nosotros está el mismo Dios.

La reforma creó un espíritu de fe y obediencia ciega en la palabra de Dios, el libro inspirado por Cristo, las paginas fueron dictadas por el aliento puro del Espíritu Santo. La Biblia que la iglesia de Roma había atado con cadenas y sobre ella puesto la palabra del Papa. Sé hacia escuchar y atacar la voz del sumo pontífice, de los concilios y del clero en tanto que la Palabra de Dios Permanecía encerrada y atada con cadenas. La Reforma rompió esas cadenas, reconquisto la Biblia y la colocó en el centro del Templo, en el centro del hogar y en el centro de la vida de los creyentes.

           La Reforma nos trajo también una nueva forma de culto. ¡Ah! ¡Qué, grande diferencia hay entre el culto religioso de la iglesia de Roma, tal y como todavía lo conservan, y el culto de la Iglesia protestante! La Reforma, al reconquistar la Biblia, Llevándola al Templo, a la Iglesia, a los los creyentes, trajo también consigo la victoria preciosa, la victoria única, bendita por todos, conquistar la Palabra de Dios, reconquisto para la Iglesia a Cristo, Dio a Cristo al pueblo de los creyentes y Cristo es él todo en nuestros servicios religiosos; porque el objeto de nuestro culto es únicamente Cristo.

           Cristo nos basta. Esa es la afirmación de la Reforma. Cristo nos basta como Salvador, El cómo amigo, El cómo Pastor, El cómo sacerdote, El cómo pontífice, ¿puede decir lo mismo la iglesia de Roma?

           La Reforma nos trajo también una forma de Iglesia, la Iglesia democrática, sin jerarquía eclesiástica, una iglesia formada únicamente por almas creyentes en Cristo Jesús, Visitad todas las iglesias protestante del mundo y en ellas hallareis la Biblia como única guía reveladora de la voluntad de Dios. En todas la Iglesias protestantes del orbe no hay más que un Salvador, no oiréis predicar otra cosa que el camino de la salvación por la Sangre Preciosa de Cristo que quita el pecado del mundo.

           La Iglesia Luterana no es una secta. Una iglesia que sostiene la Inspiración Divina de la Palabra de Dios, que considera a ésta, como autoridad y norma única, no puede ser una secta.

           La Reforma no creo ninguna doctrina nueva, ni tampoco produjo una Iglesia nueva. La Reforma restableció la pureza de la doctrina Cristiana primitiva, y con ello la Iglesia Apostólica misma. Desde entonces la norma de conducta es la que se indica en 1.Tim. 4:16 “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello; pues haciendo esto, a ti mismo salvaras y a los que te oyeren”. En cuestiones que no atañen a la doctrina revelada, la Iglesia Luterana puede mostrarse y se muestra transigente; pero tratándose de la doctrina no hay transacción posible, por mas duro que esto parezca, pues la doctrina no es nuestra, es de los apóstoles y por ende de Jesucristo. Estamos obligados a cuidar de ella.

           La reforma nos dejó además de herencia un lema social que comprende unas cuantas palabras: Libertad, Justicia, Igualdad y Fraternidad. Donde Cristo está hay igualdad, hay libertad. Donde Cristo está impera la justicia. Donde Cristo está los hombres se sienten hermanos y se ayudan como hermanos.

           Permanezcamos fieles a la Reforma religiosa que nos trajo la Palabra de Dios y a Cristo a nuestro corazón.