La Sola Escritura: La Única Autoridad de la Iglesia
La Sola Escritura: La Única Autoridad de la Iglesia
Por: Pbro. Timoteo Hernández
Tema: 504º Aniversario de la Reforma Luterana (1517-2021)
Vamos a hablar precisamente de la Sola Escritura: la sola escritura o la sola Palabra de Dios.
Precisamente el 31 de octubre de 1517, un monje agustino llamado Martín Lutero clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, en Alemania, estas tesis. El tema que hoy estaremos viendo es la Sola Escritura. Veremos cómo la Sola Escritura es, entonces, la única autoridad que hay para la iglesia. No hay otra autoridad que esté por encima de la iglesia, sino la Biblia, la Palabra de Dios, la palabra escrita; esa es la que está como única fuente de autoridad para la iglesia.
Por eso, vamos a ver que Martín Lutero en este tiempo escribió, publicó y clavó —que así era la costumbre de ese momento, clavar lo que se quisiera proponer y discutir— sus 95 tesis. Pero la tesis número 62, que es la que hoy vamos a tratar, dice así:
“El verdadero tesoro de la iglesia es el santo evangelio de la gloria y la gracia de Dios.” (Tesis 62)
La Defensa en la Dieta de Worms (1521)
Más adelante, Martín Lutero, cuando fue llamado ante el emperador para que, allí en la Dieta de Worms, pudiera retractarse de lo que había dicho en estos escritos y en estas 95 tesis, dijo lo siguiente:
“A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes, ya que no confío en el Papa ni en su Concilio, debido a que ellos han errado continuamente y se han contradicho, me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios y no puedo, ni quiero, revocar nada, reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. Que Dios me ayude. Amén.” — Martín Lutero, 1521
En base a esto que Lutero estaba escribiendo, debemos recordar que él había leído mucho la Biblia. Había sido doctor en teología y en artes de las Escrituras; por lo tanto, era un erudito en la Biblia. En los comentarios había aprendido a leer y dominaba los idiomas originales.
Fundamento Bíblico de la Autoridad
Entonces, vamos a poner aquí algunos versículos de la Biblia que nos hablan precisamente de lo que es la autoridad en la iglesia: la Biblia.
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2 Timoteo 3:16-17: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra."
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Marcos 7:8: "Porque dejando el mandamiento de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres: los lavamientos de los jarros y de los vasos de beber; y hacéis otras muchas cosas semejantes."
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Romanos 1:17: "Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá."
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Efesios 2:8-9: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."
En el evangelio de Lucas, capítulo 24, versículos 44 al 48, leemos:
"Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas."
Contexto Histórico: Las Indulgencias y la Reforma
Hermanos, estamos ya por celebrar en este mes de octubre, en este 31 de octubre del 2021, los 504 años del aniversario de la Reforma Luterana y Protestante.
Como hemos dicho, el 31 de octubre de 1517, Martín Lutero clavó allí en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg 95 tesis. Este documento presentaba los abusos del clero, sobre todo en relación con la venta de indulgencias, que es el pago para la remisión de las penas de los pecados terrenales por la misma Iglesia Católica Romana.
En ese entonces, en el periodo que llamamos la iglesia medieval, la gente tenía un temor muy real del castigo en el purgatorio, el cual había sido retratado de manera detallada por la Iglesia Romana. Ellos no tenían gran temor al infierno, porque creían que si morían perdonados y bendecidos por el sacerdote, se les garantizaba el acceso a través de las puertas del cielo (cuya llave estaba en manos de la Iglesia Romana). Pero temían el dolor del purgatorio, porque la iglesia enseñó que, antes de llegar al cielo, tenían que limpiar cada uno de sus pecados cometidos en la vida mortal.
Los Tres Principios de la Reforma
Entonces, en ese periodo, Martín Lutero presentó tres principios nacidos de este movimiento de la reforma:
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Sola Escritura
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Sola Fe
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Sola Gracia
Más adelante, durante este movimiento protestante, se agregaron: Solo Cristo y Solo a Dios la Gloria.
En esta ocasión, hermanos y hermanas, veremos el primer principio: la Sola Escritura. Se refiere a que la Palabra de Dios es la única —como inspirada por Dios— y autoritativa para la iglesia. No hay sobre la Palabra de Dios otra autoridad que esté mandando a la iglesia por encima de Dios mismo.
El Debate sobre la Autoridad
Hace más de 500 años, Martín Lutero clavó estas tesis invitando al debate. Lutero creía que la Biblia no podía concebirse de la manera en que se estaba interpretando. Había un gran descontento respecto a la autoridad papal, los abusos financieros, los abusos morales y, sobre todo, los abusos doctrinales por parte de la iglesia.
Un autor ha presentado cuatro preguntas generales que se planteaban en ese periodo:
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¿Cómo se salva la persona?
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¿Dónde reside la autoridad religiosa?
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¿Qué es la iglesia?
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¿Cuál es la esencia de la vida cristiana?
Por eso Martín Lutero, un monje agustino, presentó los argumentos bíblicos en contra de la tradición católica romana que vendía las indulgencias. En ningún momento intentó crear una nueva iglesia; lo que quería era renovar la iglesia.
Hoy día, nuestra cultura es totalmente diferente a la del siglo XVI. Mucha gente piensa que, como ya es viejo, entonces la Palabra de Dios ha pasado de moda. Pero la Palabra de Dios permanecerá a través de los siglos; es lo único que permanecerá. Puede pasar la tierra, puede pasar todo lo que conocemos en el universo, pero lo que permanecerá es la Palabra de Dios.
Sin embargo, lo que sucedió en la Reforma Protestante sigue estando vigente para nuestros tiempos y seguirá vigente mientras el evangelio se siga predicando de manera pura para la salvación de las almas.
La Tradición vs. La Escritura
Para entender por qué nace el principio de la Sola Escritura, recordemos el concepto que tenía la iglesia con respecto a la sucesión apostólica. La Iglesia Romana se creía la sucesora única apostólica y, por lo tanto, con derecho de invalidar la autoridad de otras iglesias, apropiándose como única autoridad de la interpretación de las Escrituras.
La iglesia en ese momento sostenía un doble principio de autoridad:
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No negaban la Biblia como autoridad en asuntos de fe y práctica.
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Pero agregaban la tradición eclesiástica a la misma escala e importancia que la Biblia, o aún por encima de ella.
Basaban su autoridad en dogmas de concilios históricos, escritos eclesiásticos y bulas papales. Dado que consideraban al Papa infalible, todos sus documentos eran considerados tan autoritativos como la Palabra de Dios. Esto era un engaño, pues la tradición iba en contra de claros principios bíblicos, sobre todo en lo relacionado con el evangelio de la salvación en el Señor Jesucristo.
La Iglesia Católica no negaba la gracia salvadora, pero le añadía obras. No negaba la justificación por la fe, pero añadía las indulgencias. No negaba a Cristo, pero añadía la veneración a la Virgen y a los santos.
El Escándalo de las Indulgencias
Un ejemplo de esta autoridad autoasignada fue la venta de indulgencias. Según los documentos de la época, una indulgencia es:
“La remisión del castigo temporal debido a Dios por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa. Una remisión otorgada por la autoridad eclesiástica a los fieles del tesoro de méritos superabundantes de nuestro Señor Jesucristo, de la santísima Virgen María y de los santos.”
El esfuerzo era ayudar a las almas en el purgatorio mediante la compra de estas indulgencias. El Papa afirmaba ser la autoridad suprema para financiar las obras magníficas en Roma, como la construcción de la Basílica de San Pedro. Se vendían indulgencias plenarias: por un precio módico, quien comprara estas indulgencias podía comprar la salvación de un vivo o de un muerto.
Fue el tráfico de indulgencias lo que colmó la paciencia de Martín Lutero. Juan Tetzel, un monje dominico, predicaba cerca de Wittenberg afirmando que las indulgencias eran tan eficaces que, gracias a ellas, no pasaría por el purgatorio ni quien hubiera violado a la mismísima Virgen María.
El Dr. Roland Bainton, en su libro Martín Lutero, registra uno de los sermones de Juan Tetzel:
“¡Escuchad! Dios y San Pedro os llaman. Pensad en la salvación de vuestras almas y las de vuestros queridos difuntos. Vos sacerdote, vos noble, vos mercader, vos doncella, vos matrona, vos joven, vos ancianos; entrad ya a la iglesia de San Pedro. Visitad la santísima cruz erigida ante vos que siempre os implora.
¿Habéis considerado que estáis azotados por una furiosa tempestad en medio de las tentaciones y peligros del mundo, y que no sabéis si podréis alcanzar el puerto para vuestra alma inmortal? Considerad que todos los que se hayan arrepentido y confesado, y hayan pagado su óbolo, recibirán completa remisión de todos sus pecados.
Escuchad a vuestros amados parientes y amigos muertos que os imploran y dicen: ‘¡Tened piedad de nosotros! Estamos en un terrible castigo del cual podéis liberarnos con una dádiva diminuta’. ¿No deseáis hacerlo? Abrid vuestros oídos. Escuchad al padre diciendo a su hijo, a la madre diciendo a su hija: ‘Te hemos dado el ser, alimentado, educado, te hemos dejado nuestra fortuna, ¿y tú eres tan cruel y duro de corazón que no estás dispuesto a hacer tan poco para liberarnos? ¿Vas a dejarnos aquí entre las llamas?’.
Recordad que podéis liberarlos, pues en cuanto suena la moneda en el cofre, el alma salta del purgatorio. ¿No queréis entonces, por un cuarto de florín, recibir esta bula de indulgencia por intermedio de la cual podéis llevar a un alma divina e inmortal a la patria del paraíso?”
La Respuesta de Lutero y la Gracia
Hermanos, la compra de indulgencias era absoluta y completamente en contra de las Escrituras. Martín Lutero no entendía cómo la iglesia podía amparar esto. Para Lutero, de acuerdo a la Escritura, las indulgencias eran una afrenta al nombre de Cristo y al Evangelio.
¿Dónde quedaba el mérito expiatorio del Señor Jesucristo? ¿Dónde quedaba su sufrimiento en la cruz y su sangre preciosa? Él llevó nuestros pecados y nos liberó de la muerte eterna, comprándonos de nuestro antiguo amo, el adversario Satanás.
Lutero había luchado mucho tiempo en el convento con ayuno, oración, penitencia y buenas obras, pero nada le traía paz. Hasta que, leyendo la Biblia, encontró en Romanos 1:17: "Mas el justo por la fe vivirá". Entendió que la justicia de Dios no se gana por obras humanas, sino que es un regalo, un don de Dios.
Por eso, Lutero tradujo la Biblia al alemán, para que el pueblo pudiera leerla, ya que hasta entonces se predicaba en latín y la gente no entendía.
Conclusión: La Autoridad Final
La Sola Escritura es la autoridad máxima a la cual el creyente puede apelar. Es la única regla de fe y conducta, pues es infalible.
Como dice 2 Timoteo 3:16, toda la Escritura es inspirada por Dios. Si la Escritura y la tradición se contradicen, la tradición debe ser descartada, ya que no pueden ser ciertas ambas a la vez; y si la Biblia es inspirada por Dios, entonces la tradición errónea no lo es.
Lutero perdió toda confianza en el Papa y los concilios porque contradecían la Escritura. Las tradiciones no son malas en sí mismas (luteranos, presbiterianos, bautistas tienen tradiciones), pero nunca deben elevarse al nivel de las Escrituras. El mismo Señor Jesús luchó contra esto en Marcos 7:8, reprendiendo a quienes dejaban el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres.
La Biblia es la única fuente para saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. A diferencia de otros libros, fue inspirada por Dios usando a hombres llenos del Espíritu Santo.
Terminamos con 1 Pedro 1:24: "Porque toda carne es como la hierba, y toda la gloria del hombre como la flor de la hierba. La hierba se seca..."