Iglesia Luterana “La Santa Cruz”
Oaxaca, México

Los Mensajeros de Juan el Bautista

isai 29 de enero de 2026
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Tercer Domingo de Adviento :  Los Mensajeros de Juan el Bautista

Por: Pbro. Timoteo Hernández

 

Lectura bíblica: Mateo 11:1-10

Hermanos, estamos celebrando el tercer domingo de Adviento, regocijándonos como siempre para celebrar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, el Redentor del mundo. Todos estamos muy emocionados porque a escasos días estaremos celebrando también, secularmente, el nacimiento de nuestro Señor Jesús.

Como nuestro Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, de acuerdo a su bendita voluntad y mostrando amor por el mundo pecador, nos envió a su Hijo unigénito, a Jesucristo. Él vino a la tierra y tomó nuestra naturaleza, carne y sangre, y por su propia voluntad fue a la cruz a morir. Murió en muerte de cruz, el peor de los castigos, y también allí derramó su preciosa y bendita sangre para rescatarnos de las tinieblas, del demonio, de Satanás.

Con su sangre, con su único sacrificio, pudo pagar ese rescate y también, como siempre hemos dicho, alejar de nosotros la ira de Dios. Quitó esa ira, ese castigo que nosotros como malhechores debíamos recibir, pero que como un gran regalo y misericordia, en el último momento del juicio, antes de que fuera dada la sentencia, alguien llegó a cubrir esa deuda. Alguien dio su vida para que nosotros pudiéramos quedar libres y que ahora nuestro Señor Jesucristo pueda llevarnos ante la presencia del Padre, declararnos justos y tener una nueva relación.

El Señor murió en la cruz, resucitó al tercer día y ahora está sentado a la diestra de Dios Padre. Él, como nuestro hermano mayor, como nuestro Dios y como nuestro intercesor, está allí rogando e intercediendo por cada uno de nosotros.

Lectura del Santo Evangelio (Mateo 11:1-10)

Hermanos, estamos celebrando el tercer domingo de Adviento y en esta mañana tomaremos la porción que corresponde del Santo Evangelio que tenemos en nuestro manual del culto cristiano, el cual corresponde al Evangelio de Mateo, capítulo 11, los versículos 1 al 10. En esta porción estaremos centrándonos específicamente en cómo Juan, que ya ha estado encarcelado, ve pasar el tiempo mientras el Señor Jesús realiza sus milagros.

El título de esta porción del mensaje del evangelio es: Los mensajeros de Juan el Bautista.

"Cuando Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos, se fue de allí a enseñar y a predicar en las ciudades de ellos. Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir o esperaremos a otro?

Respondiendo Jesús, les dijo: Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.

Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Porque este es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, el cual preparará tu camino delante de ti."

La Duda de Juan el Bautista

Hermanos, tendríamos que hacernos muchas preguntas con respecto a por qué Juan tiene esta duda. ¿Por qué Juan, siendo conocedor del Señor Jesús —pues él lo bautizó, vio al Espíritu Santo descender sobre Jesucristo y ya había dicho: "He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"— ahora duda?

Vemos que ha pasado un tiempo y el Señor Jesús ha estado realizando todo tipo de milagros. Pero pudiéramos preguntarnos: ¿Por qué Juan hace esa pregunta? ¿Por qué está impaciente? Quizás esperaba que el Señor Jesús diera una respuesta y se levantara como lo que muchos de los judíos esperaban: ese caudillo fuerte que, con su poder, demostrara el arrastre de la multitud, formara un ejército, fuera contra el opresor romano y pudiera imponer de nuevo el reino de Dios.

Así que encontramos que Jesús es interrogado por dos discípulos de Juan. Juan escuchó en la cárcel sobre las obras de Cristo y mandó a preguntar. Sabemos cuál ha sido la causa principal por la cual Juan está encarcelado: por denunciar los pecados del rey y la reina, y la transgresión a los mandamientos. Juan está esperando esa liberación. Él cree que Jesucristo es el Mesías, pero pasa el tiempo, él sigue encarcelado y, en palabras generales, no ha visto nada claro. No ha visto que comiencen "los cohetones" para que Jesús llame a la gente a reunirse en un levantamiento contra el opresor.

La Respuesta de Jesús: Las Obras del Mesías

Juan envía a preguntar: "¿Eres tú aquel que había de venir o esperaremos a otro?". Quizás el Señor Jesús debió haberse ofendido, pero en su lugar, le da una respuesta clara que viene a apaciguar la mente y el corazón de Juan. Jesús les dice: "Id y haced saber a Juan las cosas que oís y veis: Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres es anunciado el evangelio".

Juan, como profeta, siempre traía a la mente las profecías. Ellos no llevaban un rollo en la mano como nosotros hoy llevamos la Biblia, sino que sabían de memoria las Escrituras. Jesús hace alusión a Isaías 35:4-6, que dice:

"Decid a los de corazón apocado: Esforzaos, no temáis; he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá, y os salvará. Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo..."

Aunque la parte de "aguas serán cavadas en el desierto" no se dio literalmente en ese momento, todas las características propias del Mesías estaban sobre el Señor Jesús.

Aplicación: Nuestras Propias Dudas y Esperas

Podemos imaginarnos la duda que estaba entrando en Juan, que es lo mismo que puede suceder con muchos de nosotros cuando pasa el tiempo y vemos que la venida del Señor no está cerca, o cuando ponemos un asunto en oración por años y no vemos los frutos. Mucha gente comienza a desesperarse y a creer que Dios no es quien pensaban.

Muchos consideran que al poner en manos de Dios su salud, riqueza y bienestar, Dios actuará automáticamente, como si fuéramos a un cajero automático a sacar dinero. Queremos que nuestras expectativas se cumplan, pero pasa el tiempo y no hay respuesta.

Decimos que estamos preparándonos y ansiosos de que el Señor venga. En esta Navidad celebraremos el nacimiento de Jesús. Aunque no esté oficialmente confirmado que haya nacido un 25 de diciembre (tal vez fue en abril o septiembre), celebramos que Jesús vino a cumplir la promesa del Padre. El Dios todopoderoso se hizo carne y sangre para que no quedara duda, para que los escépticos pudieran tocarlo y verlo, como decía el apóstol Juan: "Lo que vimos y palpamos, eso testificamos".

Dios tiene una forma de pensar y actuar muy diferente a la nuestra, pero siempre ha demostrado que nunca deja de cumplir sus promesas.

Jesús Honra a Juan: ¿Qué salisteis a ver?

Retomando el evangelio, vemos que Jesús va a honrar a Juan el Bautista. Jesús pregunta a la gente: "¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?"

Recordamos que toda planta, cuando es forzada por el viento, se dobla. Incluso los grandes árboles o los tráilers pueden ser volcados por vientos fuertes. Muchos teólogos aplican esto al tiempo contemporáneo: ¿Cómo son los predicadores de hoy?

Se hace la pregunta: ¿Realmente los predicadores están llevando el mensaje urgente que el Señor quiere que su pueblo escuche? Dios quiere que todos los hombres sean salvos. ¿Tienen los ministros esa urgencia de que la gente entienda que es pecadora y necesita arrepentirse? Muchos predicadores hoy, con tal de que la gente no se moleste, aligeran o cambian el mensaje. Pero la necesidad presente es la misma que al inicio del ministerio de Jesús: "El reino de los cielos se ha acercado. Arrepentíos".

Jesús dice que Juan no es una caña sacudida. Al contrario, Juan es fuerte. El viento fuerte es el Espíritu Santo que nos dice: "Eres pecador, arrepiéntete". Nosotros somos las cañas que tenemos que reconocer que hemos fallado y dejar de compararnos con otros creyéndonos mejores, pues al hacerlo asumimos el rol de juez.

Jesús confirma que Juan es el mensajero de Malaquías 3:1: "He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí".

Preparando el Camino

Juan vestía un atuendo rústico. Jesús dice: "¿Salisteis a ver a un hombre cubierto de vestiduras delicadas?". Esos estaban en los palacios. Juan era la voz que clama en el desierto.

Hermanos, ¿cómo hemos estado clamando nosotros en este mundo, en esta pandemia, para que otros escuchen el mensaje de salvación? Quizás no tenemos el carácter austero y duro de Juan, pero hemos sido reconciliados y tenemos misericordia. Podemos llevar un mensaje de paz y reconciliación a nuestros vecinos y familiares.

Jesús dice en Mateo 11:11: "Entre los nacidos de mujer no se ha levantado nadie mayor que Juan el Bautista; sin embargo, el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él". El reino de los cielos no es solo allá arriba, sino que se comienza a trabajar aquí abajo. ¿Cómo estamos trabajando nosotros en el reino?

¿Cómo nos estamos preparando para la Navidad?

Decimos que nos preparamos para celebrar el nacimiento de Jesús, pero a veces nuestra prioridad son otras cosas: el sueldo, el aguinaldo, las inversiones, los negocios. ¿Cuál es nuestra prioridad en el reino de los cielos?

Recordamos la parábola de las diez vírgenes: cinco estaban preparadas y cinco perdieron el tiempo pensando que el Señor tardaría. O aquel hombre rico que acumuló bienes y dijo: "Ya he logrado mucho", pero el Señor le dijo: "Necio, esta noche vienen a pedir tu alma".

Es cierto, alguien puede estar preocupado por enfermedad o pruebas, pero aún en medio de la tribulación, el Señor está con nosotros. Juan tenía expectativas diferentes; quería ser liberado de la cárcel. Pero Jesús no cumplió esas expectativas terrenales, sino las divinas. Jesús se fue a predicar a otras ciudades en lugar de quedarse en Jerusalén como Juan quizás esperaba.

La Misión de la Iglesia Hoy

¿Qué está sucediendo con la iglesia de hoy? Tenemos preocupación por los cultos, pero ¿tenemos preocupación por los que no conocen el Evangelio? La iglesia ha trabajado en medio de la pandemia, hemos sufrido bajas de pastores y hermanos, muchos han perdido empleos, pero la iglesia tiene que seguir llevando el mensaje transformador.

El Evangelio debe transformar primero nuestro hogar. ¿Nos conocen los vecinos por llevar un estilo de vida diferente y cristiano? ¿O seguimos siendo iguales al mundo? Si somos comerciantes, ¿damos los kilos completos o usamos balanzas adulteradas? Si somos estudiantes, ¿hacemos trampa para aprobar? Debemos liberarnos de todos esos estorbos. El pueblo de Israel, cuando fue liberado de Egipto, añoraba los pescados, los puerros, los melones y los ajos de la esclavitud. Nosotros no debemos añorar la esclavitud del pecado.

Conclusión: Bienaventurados los que no tropiezan

Juan, a pesar de conocer la verdad, tenía dudas. Jesús le mandó decir: "Bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí". No debemos escandalizarnos por lo que el Señor haga o deje de hacer según nuestras expectativas.

Finalmente, Jesús pregunta de nuevo: "¿Qué salisteis a ver?". Y nosotros debemos preguntarnos: ¿Cómo estamos vestidos para recibir al Señor Jesucristo? ¿Estamos vestidos con la vestidura nueva de justicia en el Señor Jesús? ¿Estamos poniendo en práctica los dones que Dios nos dio para que, como buenos mayordomos, entreguemos cuentas con gozo?

¿Cómo estamos trabajando en esta pandemia? ¿Nos hemos quedado encerrados o estamos buscando la forma de que los que no conocen a Cristo reciban el mensaje de consuelo y fortaleza?

Que el Señor nos ayude a ser esos mensajeros fieles, preparados y vestidos de justicia, esperando su venida sin tropezar en la duda. Amén.