Formuladas por el doctor Martín Lutero para los que intentan comulgar
Después de la confesión e instrucción en los Diez Mandamientos, el Credo, el Padrenuestro, los Sacramentos del Santo Bautismo y la Santa Cena, el confesor preguntará, o uno a sí mismo:
Sí, lo creo; soy pecador.
Sé que soy pecador por los Diez Mandamientos, los cuales no he guardado.
Sí, siento mucho el haber pecado contra Dios.
Merecí la ira y el desagrado de Dios, muerte temporal y eterna condenación.
Sí, es mi esperanza entrar en la vida eterna.
Confío en mi amado Señor Jesucristo.
Cristo es el Hijo de Dios, verdadero Dios y hombre.
Hay un solo Dios; mas hay tres personas: el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.
Cristo murió por mí, derramando su sangre en la cruz para la remisión de mis pecados.
No; el Padre es Dios solamente, el Espíritu Santo también. Mas el Hijo es verdadero Dios y verdadero hombre: Él murió por mí y derramó su sangre por mí.
Lo sé por el santo Evangelio y por las palabras del Sacramento, y por su cuerpo y sangre que se me dan como prenda en la Santa Cena.
El Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dijo:
Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.
Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, les dio, diciendo:
Bebed de ella todos: esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros es derramada para remisión de los pecados; haced esto, todas las veces que la bebiereis, en memoria de mi.
Sí, lo creo.
Háceme creerlo la palabra de Cristo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo; bebed de ella todos: esto es mi sangre.
Debemos anunciar su muerte y el derramamiento de su sangre, y pensar como Él enseñó: Haced esto, todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.
Debemos aprender a creer que ninguna criatura ha podido expiar nuestros pecados, sino Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre; y debemos aprender también a considerar con temor nuestros pecados y conocerlos en verdad como graves, y regocijarnos y consolarnos sólo en Él, y por tal fe ser salvos.
Cristo murió por mí movido por su gran amor para con su Padre, para conmigo y los demás pecadores, como está escrito en Juan 15:13; Rom. 5:8; Gál. 2:20; Efe. 5:2.
En la Santa Cena quiero aprender a creer que Cristo murió por mis pecados, por el gran amor que tiene para conmigo, como queda dicho; y quiero aprender también de Él a amar a Dios y a mi prójimo.
Respecto a Dios, tanto el mandato como la promesa del Señor Jesucristo deben animar al cristiano a comulgar con frecuencia; mas con respecto a sí mismo, la miseria que lo aflige debe impulsarlo, debido a lo cual se dan tal mandato, estímulo y promesa.
Al tal no se podrá aconsejar mejor que:
Estas preguntas y respuestas no son juguete, sino que han sido compuestas con toda seriedad y propósito por el venerable y piadoso doctor Martín Lutero, para jóvenes y ancianos. Cada uno debe considerarlas bien y con toda seriedad, pues el apóstol San Pablo dice a los Gálatas en el capítulo sexto: "No os engañéis; Dios no puede ser burlado".