Iglesia Luterana “La Santa Cruz”
Oaxaca, México

Capítulo 23: El oficio de las llaves y la confesión

LA QUINTA PARTE

EL OFICIO DE LAS LLAVES
Y LA CONFESIÓN


300. ¿Qué es el Oficio de las Llaves?

El Oficio de las Llaves es el poder peculiar que nuestro Señor Jesucristo ha dado a su Iglesia en la tierra, de perdonar los pecados a los penitentes, y de retener los pecados a los impenitentes mientras no se arrepientan.

301. ¿Dónde está escrito esto?

Así escribe el evangelista San Juan en el capítulo veinte: “El Señor sopló sobre ellos, y les dijo: Recibid el Espíritu Santo. A quie¬nes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son re-tenidos”.

302. ¿Por qué el Oficio de las Llaves se llama un poder peculiar?

El Oficio de las Llaves no es un poder tem¬poral, sino un poder espiritual que Cristo ha dado a su Iglesia en la tierra, y a cada congre¬gación local en particular.

  • 521) Mat. 16:19. A ti te daré las llaves del reino de los cielos.
  • 522) Juan 20:21. Entonces Jesús les dijo: Paz a vos¬otros. Como me envió el Padre, así también yo os envío.
  • 523) Mat. 18:17. 18. 20. Si no los oyere a ellos, dio a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desa¬téis en la tierra, será desatado en el cielo. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.
  • 524) 1 Ped. 2:9. Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.

303. ¿Qué comprende este poder?

El Oficio de las Llaves, siendo el poder de la Palabra divina, comprende la autoridad de predicar el Evangelio; de administrar los santos Sacramentos; y especialmente de re¬mitir y de retener los pecados.

  • 525) Mat. 28:18-20. Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.
  • 526) Mat. 16:19. A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

304. ¿Por qué a este poder se le llama Oficio de las Llaves?

Por la remisión de los pecados se abre el cielo, y por la retención de ellos se cierra.

305. ¿A quiénes deben ser remitidos los pecados, y a quiénes deben ser retenidos?

Los pecados deben ser remitidos a los peca¬dores penitentes, esto es, a los que se arre¬pienten de sus pecados y creen en Jesucristo; deben ser retenidos, en cambio, a los impeni¬tentes mientras no se arrepientan.

  • 527) Hech. 3:19. Arrepentios y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados.
  • 528) Sal. 51:17. Los sacrificios de Dios son el espí¬ritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios.
  • 529) Hech. 16:31. Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.

H.B. David se muestra penitente en los Salmos Penitenciales: Salmos 6; 32; 38; 51; 102; 130; 143. — Luc. 18:33. El publicano penitente fue justificado. — Luc. 15:11-24. El padre aceptó al hijo pródigo cuando éste regresó penitente. — Mat. 26:75. Pedro lloró amar¬gamente.

306. ¿Cómo deben las congregaciones cristianas administrar públicamente el Oficio de las Llaves?

Las congregaciones eligen y llaman ministros especiales de la Sagrada Palabra, los cuales ejercen las funciones del Oficio en el nombre de la congregación.

  • 530) 1 Cor. 4:1. Téngannos los hombres por servi¬dores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.
  • 531) 2 Cor. 2:10. Si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo.
  • 532) Hech. 20:28. Mirad por vosotros mismos, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre.

El Oficio del Ministerio

307. ¿Qué crees según estas palabras, Juan 20:22-23?

Cuando los ministros debidamente llamados de Cristo, por su mandato divino, tratan con nosotros, especialmente cuando excluyen a los pecadores manifiestos e impenitentes de la congregación cristiana, y cuando absuelven a los que se arrepienten de sus pecados y pro¬meten enmendarse — creo que esto es tan válido y cierto también en el cielo, como si nuestro Señor Jesucristo mismo tratase con nosotros.

308. ¿Qué crees en general según estas palabras?

Cuando los ministros debidamente llamados de Cristo, por el mandato divino, tratan con nosotros, esto es tan válido y cierto, también en el cielo, como si nuestro Señor Jesucristo mismo tratase con nosotros.


La Disciplina Eclesiástica y la Excomunión

309. ¿En qué casos especiales es esto igualmente válido y cierto?

Cuando los ministros de Cristo, por el man¬dato divino, excluyen a los pecadores manifiestos e impenitentes de la congregación cristiana, y cuando absuelven a los que se arrepienten de sus pecados y prometen en¬mendarse, es igualmente tan válido y cierto, también en el cielo, como si nuestro Señor Jesucristo mismo tratase con nosotros.

310. ¿En qué forma debe llevarse a cabo la excomunión en la congregación cristiana?

La excomunión se lleva a cabo en esta forma: al pecador manifiesto se exhorta según los preceptos y en el orden establecidos por Cristo; cuando el exhortado permanece im¬penitente, entonces la congregación lo declara como gentil y publicano y esta sentencia se anuncia públicamente por el ministro de Cristo.

  • 533) 1 Cor. 5:13. Quitad, pues, a este perverso de entre vosotros.
  • 534) Mat. 18:15-17. Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. (Grados de admonición.)

311. ¿Cómo debe ser tratado un excomulgado que se muestre penitente?

Cuando el excomulgado confiesa su pecado a la congregación y promete enmendarse, ésta debe admitirlo de nuevo como hermano, y el ministro llamado debe anunciarlo pública¬mente. Porque el propósito de la excomunión es salvar el alma, no perderla.

  • 535) 2 Cor. 2:6-8. 10. Le basta a tal persona esta re¬prensión hecha por muchos; así que, al contrario, vos¬otros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque tam¬bién yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo.

Cómo Enseñar a la Gente a Confesarse

312. ¿Qué es la confesión?

La confesión contiene dos partes. La pri¬mera es la confesión de los pecados, y la segunda, el recibir la absolución del con¬fesor como de Dios mismo, no dudando, sino creyendo firmemente que por ella los pecados son perdonados ante Dios en el cielo.

  • 536) 1 Juan 1:8-9. Si decimos que no tenemos pe¬cado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

313. ¿Reciben los hipócritas absolución de sus pecados?

Los hipócritas, si bien que de boca confiesan sus pecados, sin embargo, de corazón son impenitentes y no aceptan la gracia de Dios que se les ofrece también a ellos en la absolución.

  • 537) Isa. 26:10. Se mostrará piedad al malvado, y no aprenderá justicia; en tierra de rectitud hará iniquidad, y no mirará a la majestad de Jehová.

314. ¿Qué pecados hay que confesar?

Ante Dios uno debe tenerse por culpable de todos los pecados, aun de aquellos que ignora¬mos, como ya lo hacemos al decir el Padrenues¬tro. Pero ante el pastor confesamos solamente los pecados que conocemos y sentimos en nues¬tro corazón.

315. ¿Cómo debemos confesar ante Dios?

Ante Dios uno debe tenerse por culpable de todos los pecados, aún de aquellos que ignora¬mos, como ya lo hacemos al decir el Padrenues¬tro y la Confesión General.

  • 538) Sal. 19:12. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos.
  • 539) Prov. 28:13. El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcan¬zará misericordia.

316. ¿Debe confesar el cristiano sus petados también al prójimo que ha ofendido?

Seguramente, el cristiano debe confesar sus pecados también al prójimo que ha ofendido; porque si no quiere hacerlo, demuestra claramente que ante Dios no es un verdadero peni¬tente.

  • 540) Sant. 5:16. Confesaos vuestras ofensas unos a otros.
  • 541) Mat. 5:23-24. Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

317. Pero, ¿cómo ha de efectuarse la confesión delante del pastor?

Nadie debe ser obligado a la confesión pri¬vada; no obstante, en ella el cristiano obtiene el consuelo de que se le otorga una absolución personal; y al mismo tiempo puede pedir la remisión de los pecados que particularmente pesan sobre su corazón y agobian su con¬ciencia.

  • 542) Mat. 9:2. Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados.
  • 543) 2 Sam. 12:13. Dijo David a Natán: Pequé con¬tra Jehová. Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.
  • 544) Mat. 3:5-6. Y salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados.

318. ¿Qué nos enseña el doctor Martín Lutero respecto al examen antes de confesarnos?

Considera tu estado con respecto a los Diez Mandamientos, seas padre o madre, hijo o hija, señor o señora o servidor; mira si has sido desobediente, infiel, perezoso, airado, insolente, reñidor; si de palabra u obra hiciste sufrir a otro; si hurtaste, fuiste negligente o derro¬chador o causaste algún otro daño.

319. ¿Cuáles son las palabras de la Confesión General?

¡ Oh Dios!, nuestro Padre celestial, confieso en tu presencia que he pecado gravemente contra Ti de muchísimas maneras; no sola¬mente con transgresiones manifiestas, sino también con pensamientos y deseos secretos, que no puedo plenamente comprender, pero que te son todos conocidos. Sinceramente me arrepiento de estos delitos que ahora me pesan y te suplico queden tu gran bondad tengas misericordia de mí, y por amor de tu amado Hijo Jesucristo, nuestro Señor, me perdones mis pecados y me ayudes clementemente en mis flaquezas. Amén.