La Santa Cena se llama también: Mesa del Señor, Partimiento de Pan, Cena del Señor, Eucaristía, y Santa Comunión.
El Sacramento del Altar, instituido por Cristo mismo, es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo, dados a cristianos con el pan y el vino para que los comamos y bebamos.
Así escriben los Santos evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, y también San Pablo:
“Nuestro Señor Jesucristo, la noche en que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dio a sus discípulos, di¬ciendo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es dado. Haced esto en memo¬ria de mí. Asimismo tomó la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, la dio a ellos, diciendo: Bebed de ella todos; esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros y por muchos para remisión de los pecados. Haced esto, todas las veces que bebiereis, en memoria de mí”.
Mat. 26: 26-28; Mar. 14:22-24; Luc. 22:19-20; 1 Cor. 11:23-26.
Las palabras de institución se repiten por cuatro veces, para que nos sean más claras, seguras e importantes.
Nuestro Señor Jesucristo, el Dios-Hombre, quien es verdadero, omnisciente y todopode¬roso, instituyó la Santa Cena.
Los elementos externos en la Santa Cena son pan, hecho de harina, y vino, el fruto de la vid.
Con el pan Cristo nos da su verdadero cuerpo; con el vino Él nos da su verdadera sangre.
El pan y el vino no son transubstanciados, sino que permanecen aún; porque San Pablo enseña expresamente que también en el comer y beber en la Santa Cena el pan permanece pan y el vino permanece vino.
Cristo nos da su cuerpo y su sangre con el pan y el vino para comer y beber; no para comer solamente, como si con el cuerpo de Cristo ya se distribuyera y recibiera también su sangre; ni tampoco para adorarlos; ni como un sacrificio incruento por los pecados de los vivos y los muertos.
El comer y el beber en la Santa Cena no es tan sólo natural, ni tan sólo espiritual, sino que es un modo de comer y beber sacramental; esto es, los elementos terrenales, pan y vino, y los dones celestiales, el cuerpo y la sangre de Cristo, se toman al mismo tiempo con la boca, pero los primeros, pan y vino, de una manera natural, y los últimos, cuerpo y sangre de Cristo, de una manera sobrenatural.
La Santa Cena debe administrarse perpe¬tuamente en la Iglesia cristiana, y con el pan y el vino consagrados debe comerse el cuerpo de Cristo y beberse su sangre.
Nuestra Santa Cena es la verdadera Cena del Señor Jesucristo solamente cuando se ad¬ministra conforme a la institución de Él.
No; debemos recibir la Santa Cena con frecuencia; a ello nos debe impulsar el man¬dato y la promesa de Cristo, como también la angustia que nos agobia.
1 Cor. 11:26. Véase la pregunta 331.
Hech. 2:42. Véase la pregunta 320.
Los beneficios son indicados por las pa¬labras: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para remisión de los pecados”. O sea, por tales palabras recibimos en el Sacramento remisión de pecados, vida y sal¬vación; porque donde hay remisión de pecados, hay también vida y salvación.
“Dado y derramada por vosotros para re¬misión de los pecados”.
A cada uno que come y bebe en la Santa Cena, Cristo ofrece, como sello del perdón de los pecados, el mismo cuerpo y la misma sangre con que nos adquirió en la cruz el perdón de los pecados.
“Donde hay remisión de los pecados, allí hay también vida y salvación”.
Participamos de la Santa Cena, principal¬mente para fortalecer nuestra fe en el perdón de los pecados por nuestro Señor Jesucristo; además, para crecer en una vida de santidad; y finalmente, para dar testimonio de que todos los comulgantes tenemos la misma fe.
1 Cor. 10:17. Véase la pregunta 320.
Ciertamente, el comer y beber corporal no es lo que las hace, sino las palabras que dicen: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para remisión de los pecados”. Estas palabras son, junto con el comer y beber corporal, lo principal en el Sacramento. Y el que cree dichas palabras, obtiene lo que ellas dicen y expresan; esto es: “la remisión de los pe¬cados”.
No; no es el comer y beber corporal lo que en verdad las hace.
Por virtud de estas palabras: Dado y derra¬mada por vosotras para remisión de los pe¬cados, la Santa Cena contiene y ofrece estas cosas tan grandes. Por lo tanto, estas palabras, unidas con el comer y beber corporal, son la parte principal en la Santa Cena.
No; recibe el cuerpo y la sangre de Cristo cada uno a quien se le da la Santa Cena de acuerdo con la institución de nuestro Señor Jesucristo; sin embargo, recibe el provecho solamente el que cree las palabras de la promesa: Dado y derramada por vosotros para remisión de los pecados.
El ayuno y la preparación corporal son una buena disciplina externa; pero digno del sacra¬mento y apto para recibirlo es quien tiene fe en las palabras: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para remisión de los peca-dos”. Mas el que no cree estas palabras o duda de ellas, no es digno, ni apto; porque las pa¬labras “por vosotros” exigen corazones entera¬mente creyentes.
San Pablo nos amonesta expresamente: “Pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí”. 1 Cor. 11:28-29.
La dignidad verdadera consiste únicamente en tener fe en estas palabras: Dado y derra¬mada por vosotros para remisión de los pe¬cados.
No; el presentarse modesta y reverentemente a la Mesa del Señor es, en verdad, un acto de debido decoro y una costumbre lau¬dable; sin embargo, no es más que una cosa externa, de la que es capaz cualquier incrédulo.
Es indigno de recibir la Santa Cena todo el que no cree o duda las palabras: Dado y derra¬mada por vosotros para remisión de los pe¬cados; pues las palabras por vosotros exigen corazones verdaderamente creyentes.
El que desee comer de este pan y beber de esta copa debe preguntarse a sí mismo:
Véanse las Preguntas Cristianas en el Catecismo Menor, páginas 35—39.
Ciertamente; precisamente los débiles en la fe deben participar de la Santa Cena para fortalecer su débil fe.
La Santa Cena debe negarse
1 Cor. 11:28-29. Véase la pregunta 344.
Se admiten a la Santa Cena solamente los que han sido examinados previamente. Por lo tanto, también los que desean participar de la Santa Cena por primera vez hacen anticipa¬damente declaración de su fe en presencia de la congregación, y prometen permanecer, miembros fieles de la Iglesia verdadera. (Con¬firmación.)
En caso de necesidad, en ausencia del pastor, cualquier cristiano puede administrar el Santo Bautismo. Aplícase agua al niño, llamándose por su nombre, mientras se dice:
Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Si hay tiempo bastante, se puede orar antes del Bautismo o después de él, de esta manera:
Señor Dios, Padre celestial, Tú nos mandaste por tu amado Hijo que trajéramos los niños a Ti, para que Tú los bendijeses. Te rogamos que recibas benignamente a este niño, que per¬dones su pecado y que lo hagas heredero de tu reino eterno, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.
Padre nuestro que estás en los cielos, santi¬ficado sea tu nombre; venga a nos tú reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.