Iglesia Luterana “La Santa Cruz”
Oaxaca, México

Capítulo 24: El sacramento del altar o la santa cena

LA SEXTA PARTE

EL SACRAMENTO DEL ALTAR
O LA SANTA CENA


320. ¿Bajo qué otros nombres conocemos este Sacramento?

La Santa Cena se llama también: Mesa del Señor, Partimiento de Pan, Cena del Señor, Eucaristía, y Santa Comunión.

  • 545) 1 Cor. 10:21. No podéis beber la copa del Señor, y la copa de los demonios.
  • 546) Hech. 2:42. Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el parti¬miento del pan y en las oraciones.
  • 547) 1 Cor. 11:20. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la Cena del Señor.
  • 548) 1 Cor. 10:17. Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos partici¬pamos de aquel mismo pan.

Primero: lo que es la Santa Cena

321. ¿Qué es la Santa Cena?

El Sacramento del Altar, instituido por Cristo mismo, es el verdadero cuerpo y la verdadera sangre de nuestro Señor Jesucristo, dados a cristianos con el pan y el vino para que los comamos y bebamos.

322. ¿Dónde está escrito esto?

Así escriben los Santos evangelistas Mateo, Marcos y Lucas, y también San Pablo:

“Nuestro Señor Jesucristo, la noche en que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió y dio a sus discípulos, di¬ciendo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es dado. Haced esto en memo¬ria de mí. Asimismo tomó la copa, después de haber cenado, y habiendo dado gracias, la dio a ellos, diciendo: Bebed de ella todos; esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que es derramada por vosotros y por muchos para remisión de los pecados. Haced esto, todas las veces que bebiereis, en memoria de mí”.

Mat. 26: 26-28; Mar. 14:22-24; Luc. 22:19-20; 1 Cor. 11:23-26.

323. ¿Por qué las palabras de institución se encuentran por cuatro veces en las Sagradas Escrituras?

Las palabras de institución se repiten por cuatro veces, para que nos sean más claras, seguras e importantes.

324. ¿Quién instituyó la Santa Cena?

Nuestro Señor Jesucristo, el Dios-Hombre, quien es verdadero, omnisciente y todopode¬roso, instituyó la Santa Cena.

  • 549) Sal. 33:4. Recta es la Palabra de Jehová, y toda su obra es hecha con fidelidad.
  • 550) Efe. 3:20-21. A aquel que es todopoderoso, para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades.

325. ¿Cuáles son los elementos visibles y externos de la Santa Cena?

Los elementos externos en la Santa Cena son pan, hecho de harina, y vino, el fruto de la vid.

326. ¿Qué nos da Cristo con estos elementos externos en la Santa Cena?

Con el pan Cristo nos da su verdadero cuerpo; con el vino Él nos da su verdadera sangre.

327. ¿Por qué es inadmisible tomar en un sentido figurado las palabras: Esto es mi cuerpo y esto es mi sangre?

  1. El Señor Jesucristo dice explícitamente que distribuye aquel cuerpo que es dado por nosotros, y aquella sangre que es derramada por nosotros.
  2. El apóstol Pablo, además, dice expresa¬mente:
  • 551) 1 Cor. 10:16. La copa de bendición que bende¬cimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?
  • 552) 1 Cor. 11:27. Cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor.
  1. Ellas son las palabras de una institución divina y de un testamento divino. Por lo tanto, tenemos que aceptar estas palabras tal y como están escritas.
  • 553) Mar. 14:24. Esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada.
  • 554) Gál. 3:15. Aunque un pacto sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade.

328. ¿Permanecen aún el pan y el vino en la Santa Cena, o son éstos transubstanciados en cuerpo y sangre de Cristo?

El pan y el vino no son transubstanciados, sino que permanecen aún; porque San Pablo enseña expresamente que también en el comer y beber en la Santa Cena el pan permanece pan y el vino permanece vino.

  • 555) 1 Cor. 11:26—28. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que venga. De manera que el que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa.
  • 1 Cor. 10:16. Véase la pregunta 327.

329. ¿Para qué uso nos da Cristo su cuerpo y su sangre con el pan y el vino?

Cristo nos da su cuerpo y su sangre con el pan y el vino para comer y beber; no para comer solamente, como si con el cuerpo de Cristo ya se distribuyera y recibiera también su sangre; ni tampoco para adorarlos; ni como un sacrificio incruento por los pecados de los vivos y los muertos.

  • 556) Mat. 26:27. Bebed de ella todos.
  • 557) Mar. 14:23. Bebieron de ella todos.
  • 558) Heb. 10:14. 18. Con una sola ofrenda hizo per¬fectos para siempre a los santificados. Pues, donde hay remisión de éstos, no hay más ofrenda por el pecado.

330. ¿Qué modo de comer y beber es el de la Santa Cena?

El comer y el beber en la Santa Cena no es tan sólo natural, ni tan sólo espiritual, sino que es un modo de comer y beber sacramental; esto es, los elementos terrenales, pan y vino, y los dones celestiales, el cuerpo y la sangre de Cristo, se toman al mismo tiempo con la boca, pero los primeros, pan y vino, de una manera natural, y los últimos, cuerpo y sangre de Cristo, de una manera sobrenatural.

331. ¿Qué ordena nuestro Señor Jesucristo cuando dice: “Haced esto en memoria de mí”?

La Santa Cena debe administrarse perpe¬tuamente en la Iglesia cristiana, y con el pan y el vino consagrados debe comerse el cuerpo de Cristo y beberse su sangre.

  • 559) 1 Cor. 11:26. Todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anun¬ciáis hasta que venga.

332. ¿Cuándo solamente es nuestra Santa Cena la verdadera Cena del Señor?

Nuestra Santa Cena es la verdadera Cena del Señor Jesucristo solamente cuando se ad¬ministra conforme a la institución de Él.

333. ¿Debemos recibir la Santa Cena, una sola vez, como recibimos el Santo Bautismo?

No; debemos recibir la Santa Cena con frecuencia; a ello nos debe impulsar el man¬dato y la promesa de Cristo, como también la angustia que nos agobia.

1 Cor. 11:26. Véase la pregunta 331.
Hech. 2:42. Véase la pregunta 320.

  • 560) Mat. 11:28. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.

Segundo: el Beneficio de la Santa Cena

334. ¿Qué beneficios confiere el comer y beber así?

Los beneficios son indicados por las pa¬labras: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para remisión de los pecados”. O sea, por tales palabras recibimos en el Sacramento remisión de pecados, vida y sal¬vación; porque donde hay remisión de pecados, hay también vida y salvación.

335. ¿Qué palabras nos enseñan que este comer y beber es de provecho para nosotros?

“Dado y derramada por vosotros para re¬misión de los pecados”.

336. ¿Qué nos enseñan estas palabras?

A cada uno que come y bebe en la Santa Cena, Cristo ofrece, como sello del perdón de los pecados, el mismo cuerpo y la misma sangre con que nos adquirió en la cruz el perdón de los pecados.

337. ¿Cómo podemos decir que por estas palabras se nos da vida y salvación?

“Donde hay remisión de los pecados, allí hay también vida y salvación”.

338. ¿Con qué propósito, pues, participamos de la Santa Cena?

Participamos de la Santa Cena, principal¬mente para fortalecer nuestra fe en el perdón de los pecados por nuestro Señor Jesucristo; además, para crecer en una vida de santidad; y finalmente, para dar testimonio de que todos los comulgantes tenemos la misma fe.

1 Cor. 10:17. Véase la pregunta 320.


Tercero: el Poder de la Santa Cena

339. ¿Cómo puede este comer y beber corporal hacer cosas tan grandes?

Ciertamente, el comer y beber corporal no es lo que las hace, sino las palabras que dicen: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para remisión de los pecados”. Estas palabras son, junto con el comer y beber corporal, lo principal en el Sacramento. Y el que cree dichas palabras, obtiene lo que ellas dicen y expresan; esto es: “la remisión de los pe¬cados”.

340. ¿Posee el comer y beber corporal en sí mismo el poder de hacer cosas tan grandes?

No; no es el comer y beber corporal lo que en verdad las hace.

341. ¿Cómo se recibe, pues, mediante el comer y beber corporal la remisión de los pecados, vida y salvación?

Por virtud de estas palabras: Dado y derra¬mada por vosotras para remisión de los pe¬cados, la Santa Cena contiene y ofrece estas cosas tan grandes. Por lo tanto, estas palabras, unidas con el comer y beber corporal, son la parte principal en la Santa Cena.

342. ¿Recibe cada comulgante estos beneficios?

No; recibe el cuerpo y la sangre de Cristo cada uno a quien se le da la Santa Cena de acuerdo con la institución de nuestro Señor Jesucristo; sin embargo, recibe el provecho solamente el que cree las palabras de la promesa: Dado y derramada por vosotros para remisión de los pecados.


Cuarto: el Uso Saludable de la Santa Cena

343. ¿Quién recibe este Sacramento dignamente?

El ayuno y la preparación corporal son una buena disciplina externa; pero digno del sacra¬mento y apto para recibirlo es quien tiene fe en las palabras: “por vosotros dado” y “por vosotros derramada para remisión de los peca-dos”. Mas el que no cree estas palabras o duda de ellas, no es digno, ni apto; porque las pa¬labras “por vosotros” exigen corazones entera¬mente creyentes.

344. ¿Por qué conviene tratar particularmente de cuándo es verdaderamente digno el comulgante?

San Pablo nos amonesta expresamente: “Pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí”. 1 Cor. 11:28-29.

345. ¿En qué consiste el ser verdaderamente digno?

La dignidad verdadera consiste únicamente en tener fe en estas palabras: Dado y derra¬mada por vosotros para remisión de los pe¬cados.

346. ¿Puede cualquiera hacerse digno por su propia preparación, pensamientos y obras?

No; el presentarse modesta y reverentemente a la Mesa del Señor es, en verdad, un acto de debido decoro y una costumbre lau¬dable; sin embargo, no es más que una cosa externa, de la que es capaz cualquier incrédulo.

347. ¿Quién, en cambio, es indigno y no está preparado?

Es indigno de recibir la Santa Cena todo el que no cree o duda las palabras: Dado y derra¬mada por vosotros para remisión de los pe¬cados; pues las palabras por vosotros exigen corazones verdaderamente creyentes.

348. ¿Cómo debe examinarse a sí mismo el que desee comulgar?

El que desee comer de este pan y beber de esta copa debe preguntarse a sí mismo:

  1. Si está arrepentido sinceramente de sus pecados;
  2. Si cree en Jesucristo;
  3. Si tiene la buena y sincera intención de enmendar su vida pecaminosa con la ayuda del Espíritu Santo.

Véanse las Preguntas Cristianas en el Catecismo Menor, páginas 35—39.

349. ¿Pueden participar de la Santa Cena los que son débiles en la fe?

Ciertamente; precisamente los débiles en la fe deben participar de la Santa Cena para fortalecer su débil fe.

  • 561) Mar. 9:24. Creo; ayuda mi incredulidad.
  • 562) Sal. 22:26. Comerán los humildes, y serán sa¬ciados.
  • 563) Isa. 42:3. No quebrará la caña cascada, ni apa¬gará el pabilo que humeare.
  • 564) Juan 6:37. Al que a mí viene, no le echo fuera.

350. ¿A quién debe negarse la Santa Cena?

La Santa Cena debe negarse

  1. a los impíos manifiestos e impenitentes, puesto que ellos sólo comerían y beberían condenación para sí mismos;
  2. a los miembros de las iglesias falsas, puesto que la Santa Cena es también una señal de la unidad en la fe;
  3. a los que han causado escándalo y aún no lo han quitado;
  4. a los que no pueden examinarse a si mismos, como, por ejemplo, los niños y per¬sonas en estado inconsciente.
  • 565) Mat. 7:6. No déis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos.
  • 566) Hech. 2:42. Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el parti¬miento del pan y en las oraciones.
  • 567) Mat. 5:23—24. Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, recon¬cíliate primero con tu hermano, y entonces ven y pre¬senta tu ofrende.

1 Cor. 11:28-29. Véase la pregunta 344.

351. ¿Qué costumbre se observa, por consiguiente, entre nosotros?

Se admiten a la Santa Cena solamente los que han sido examinados previamente. Por lo tanto, también los que desean participar de la Santa Cena por primera vez hacen anticipa¬damente declaración de su fe en presencia de la congregación, y prometen permanecer, miembros fieles de la Iglesia verdadera. (Con¬firmación.)

  • 568) Apoc. 2:10. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.
  • 569) Apoc. 3:11. He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

FORMA DEL BAUTISMO DE URGENCIA

En caso de necesidad, en ausencia del pastor, cualquier cristiano puede administrar el Santo Bautismo. Aplícase agua al niño, llamándose por su nombre, mientras se dice:

Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

Si hay tiempo bastante, se puede orar antes del Bautismo o después de él, de esta manera:

Señor Dios, Padre celestial, Tú nos mandaste por tu amado Hijo que trajéramos los niños a Ti, para que Tú los bendijeses. Te rogamos que recibas benignamente a este niño, que per¬dones su pecado y que lo hagas heredero de tu reino eterno, por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

Padre nuestro que estás en los cielos, santi¬ficado sea tu nombre; venga a nos tú reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo; el pan nuestro de cada día, dánoslo hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.