Iglesia Luterana “La Santa Cruz”
Oaxaca, México

Por qué el doctor Martín Lutero escribió este Catecismo

El año 1527 Lutero fue nombrado visitador de las iglesias por su soberano, el príncipe Juan, elector de Sajonia (en Alemania). Al visitar las varias congregaciones de su distrito, Lutero encontró en las iglesias una verdadera miseria espiritual. Solamente en las grandes ciudades había una instrucción religiosa tolerable. Pero en las aldeas y en el campo mucha gente, bajo el nombre de cristianos, vivía abiertamente en pecados y vicios. Todos ellos habían sido bautizados y gozaban del privilegio de comulgar, mas no habían aprendido ni aun las partes más necesarias de la doctrina cristiana.

¿Y cómo podían aprenderlas? si también “muchos párrocos o curas eran ineptos e incompetentes para enseñar..., sin saber tan siquiera el Padrenuestro, ni el Credo, ni los Diez Mandamientos, viviendo muchos de ellos como bestias”. Y ya, desde el año 1517, se les predicaba “la salvación por la fe, sin las obras de la Ley”, y esto lo tomaron muchos, tanto sacerdotes como feligreses, como un permiso general para pecar más aún. Quitadas las falsas y onerosas leyes impuestas por el Papa, entonces abusaban en grande escala de la libertad que les trajo el Evangelio.

Pero, preguntaréis, ¿no había obispos que se cuidasen de la enseñanza y que obligaran a los curas a cumplir con los deberes de su oficio? Sí, ciertamente que había obispos. Pero desgraciadamente muchos de ellos, si bien que sabían mejor la doctrina cristiana, daban más importancia a la política, a las guerras, a la busca de riquezas que a sus deberes espirituales. No pocos de ellos aun daban ejemplos de una vida viciosa e impía, y así no ejercían verdaderamente, ni siquiera por un momento, su ministerio sagrado. Más todavía: los mismos obispos falsificaban la Santa Cena, quitando al pueblo la copa de bendición del Sacramento, e introdujeron otras doctrinas contrarias a la Palabra de Dios. Mientras tanto, ni averiguaban si la gente sabía el Padrenuestro, el Credo, los Diez Mandamientos, o cualquiera otra parte de la Palabra de Dios. “¡Ah, obispos! — exclama Lutero — ¿qué cuentas daréis a Cristo algún día por el descuido ignominioso en que habéis tenido al pueblo? ... ¡Que el juicio no caiga sobre vosotros!”. Naturalmente, en aquel tiempo no había libros de instrucción religiosa, y una Biblia valía casi una fortuna; además, la mayoría de la gente no sabia leer.

Fue después de esta visitación de las iglesias que Lutero se puso a escribir una forma sencilla de la doctrina cristiana. A los textos ya conocidos de los Diez Mandamientos, del Credo, del Padrenuestro, añadió sus insuperables explicaciones. A todo esto adicionó las palabras de los Sacramentos, también con excelentes explicaciones, enseñando lo que es el Santo Bautismo y la Santa Cena según las Sagradas Escrituras, y cómo un cristiano debe utilizar estos únicos dos Sacramentos ordenados para nuestra salvación por Dios mismo. Hizo que esta enseñanza necesaria y utilísima se imprimiera en tablas de cartón para que se pudiesen colgar de la pared, sirviendo así a toda una clase. Solamente más tarde fueron estampadas estas Partes Principales en un Enchiridion o “libretín manual”, en el cual se hallaban también las oraciones más necesarias y la Tabla de Deberes de textos selectos de la Biblia. En esta forma el Catecismo Menor de Lutero se ha impreso en ediciones innumerables al través de más de cuatro siglos, y traducido en muchísimos idiomas. Ha sido llamado la Biblia de los Legos por lo útil que es para enseñar las verdades eternas y salvadoras de la Palabra de Dios a los niños y a personas de poca o mucha erudición.

Casi al mismo tiempo apareció un libro más extenso sobre las mismas Partes Principales, llamado por Lutero el Catecismo Mayor.


Cómo se ha de Usar el Catecismo

Editando sus primeras tablas del Catecismo, Lutero añadió unos excelentes consejos para usarlos con el mayor provecho:

  1. Escoger una forma buena del texto, ya sea ésta u otra cualquiera, y adherirse a ella año tras año, para no confundir a los niños y jóvenes por cambios en el texto. “Sin que cambiemos una silaba siquiera...”, escribe Lutero.
  2. Exigir e insistir en que los alumnos aprendan de memoria este texto escogido, palabra por palabra, repitiéndolo muchas veces, hasta que se les quede grabado en la memoria para toda la vida.
  3. “Cuando hayan aprendido de memoria el texto, enseñarles también el sentido del mismo, de manera que conozcan su significado... No es necesario tomar todas las partes a una vez".
  4. “Después de haberles enseñado el Catecismo Menor, tomar el Catecismo Mayor e impartirles un conocimiento más abundante y extenso”. (Para este fin tenemos hoy día el excelente catecismo llamado Exposición Breve del Catecismo Menor, con su arreglo insuperable de preguntas y respuestas, y su rica selección de textos bíblicos para explicar y comprobar las doctrinas expuestas, y con referencias a gran número de historias bíblicas. En la edición encuadernada de este presente libro la Exposición Breve se encuentra luego después de las Preguntas Cristianas a empezar en la página 40.)
  5. “Por último, como ya la tiranía del Papa ha desaparecido, encontramos que muchos no acuden a la Santa Cena, sino que la menosprecian. Por lo tanto, es necesario que apremiemos en esto, sin olvidar desde luego que no debemos forzar a nadie a que crea o a que reciba la Santa Cena, ni tampoco fijarle ley, tiempo, o lugar para la misma; sino que debemos predicar de tal manera que podamos sembrar en ellos el deseo de acudir a los Sacramentos... Esto lo podemos lograr diciéndoles que si uno no solicita o desea participar de la Santa Cena al menos cuatro veces al año, menosprecia el Sacramento y no es cristiano, poniéndose al nivel de aquel que no cree o rehúsa oír el Evangelio”.

Amonestación Seria de Lutero

“Por lo tanto, no necesitáis imponer leyes con respecto a este Sacramento, como ocurre en la iglesia papista; mas exponed con claridad el beneficio y el perjuicio, la necesidad y el uso, el peligro y la bendición de la Santa Cena, y la gente vendrá a ella de su propia voluntad sin necesidad de compulsión.

“Por lo tanto, velad, pastores y predicadores; nuestro cargo es muy diferente de lo que era cuando estábamos bajo el dominio del Papa. Ahora es un cargo serio y saludable, y requiere más incomodidad y trabajo, más peligro y sufrimiento, y no nos asegura mucha recompensa y gratitud en este mundo. Mas si trabajamos fielmente, Cristo mismo será nuestra recompensa. ¡Que el Señor de la divina gracia nos conceda esto! ¡A Él sólo alabemos y le demos gracias eternamente por Jesucristo, nuestro Señor! Amén”.